Eleanor Rigby- Dreamer

 

Querida Natalie,

Ya es hora de embarcar, la puerta que conduce a todos los pasajeros a bordo ya está abierta. Todas las maletas y el equipaje hace poco más de una hora que han sido facturados, y yo ya me encuentro dentro del avión, más concretamente sentado en el asiento que elegí, al lado de una ventana, el número 057.

Cada vez se acercaba más el momento de despegar, las azafatas de vuelo empiezan a contarnos qué es lo que tendríamos que hacer en caso de emergencia. Han repetido las indicaciones en distintos idiomas, aunque yo me he mostrado indiferente. Estoy ausente, aislado en una nube de sentimientos.

Hasta ahora no me había dado cuenta de que la resta de pasajeros era muy variada. En las butacas de en frente, se encontraba una pareja japonesa, se la veía muy feliz, podría casi asegurar que estaban en su luna de miel. Pensar que esa pareja japonesa podríamos haber sido tú y yo me hizo ponerme inevitablemente melancólico.

No me había dado cuenta de que el avión había empezado a moverse hasta que cogió cierta velocidad, en un abrir y cerrar de ojos ya nos estábamos elevando. La voz del piloto, transmitiendo confianza y amabilidad saludándonos a todos nosotros ha sido esta vez la que me ha hecho despertar de mis confusos y entrañables pensamientos.

La decisión había estado tomada desde hace mucho tiempo, pero ahora mismo, ya es oficialmente irrevocable. Este avión hace más de un cuarto de hora que va en dirección hacia Amsterdam, no puedo hacer nada más que esperar, los humanos somos incapaces de hacer retroceder el tiempo.

Natalie, siempre te he amado y seguramente me será imposible dejarlo de hacer. No hay ni un solo segundo que mi mente puede permitirse un descanso dejando de recordarte, incluso aquí, a kilómetros de distancia, en un avión rodeado de gente desconocida y con mi Ipod sonando aquella que un día fue nuestra canción Eleanor Rigby.

The Beatles sabía cómo me sentía yo en cada momento, podía encontrarme a mí y a ti en cada una de sus canciones. Así que Eleanor Rigby, no se quedaba atrás. Trataba de gente que se sentía sola, o de alguna manera que era invisible para el resto de la sociedad. Supongo que de esta manera era cómo me sentía yo estando a tu lado.

Siempre hemos sido dos personas de mundos completamente distintos: el chico honrado escritor de Brooklyn que aún busca encontrar la fama, mientras que el icono de moda del momento procedente de Washington, Natalie Bringstone, se encontraba en su mejor momento y es conocida internacionalmente. Quién lo diría, estos dos personajes juntos y completamente enamorados.

Esto no podía acabar bien de ninguna de las maneras, era imposible tener un final feliz, por sentido común. He avanzado, he dado un paso adelante y me he vuelto a sentir estancado. Lo he intentado mil y una veces pero he seguido tropezando una vez tras otra hasta crear una especie de bucle infinito del cual no he conseguido salir nunca. Quizás había detectado el problema desde un buen principio, pero nunca he querido creerlo. Ahora los recuerdos son lo que más pesan.

El piloto acaba de anunciar que  en unos doce minutos aproximadamente el avión llegará a su destinación, esto significa que no puedo alargarme mucho más. Cuando esté sobre tierra, todo seguirá igual para el resto de pasajeros con los que he compartido un agradable vuelo menos para mí. Todo habrá cambiado, yo seguiré siendo el mismo de siempre excepto qué habré marchado definitivamente de tu vida. Te deseo lo mejor.

Muchos besos y abrazos,

Adam

PD: Siempre seguirás siendo mi Eleanor Rigby.